John
Locke, filósofo del siglo XVII, sugirió experimento interesante. Así es como él
lo explicó: «Suponga que un hombre nació ciego, que ahora es adulto y que se le
enseña a distinguir un cubo de una esfera mediante el tacto… Suponga que a
continuación que se pone el cubo y la esfera sobre una mesa y que al hombre
ciego se le hace ver. La pregunta es si mediante la vista, antes de tocar las
figuras, podrá distinguirlas y decir cuál es el cubo y cuál es la esfera. Locke
evaluó los posibles resultados de la siguiente manera: «Soy de la opinión
de que el hombre ciego no podría decir con certeza cuál es la esfera y cuál el
cubo con solamente verlos; aunque podría reconocerlos inequívocamente mediante
el tacto….”
En la década de 1960 se llevó a cabo este experimento tras
operar a personas que tenían cataratas. Los resultados sólo fueron parcialmente
favorables a Locke. Al recuperar la vista, la gente suele poder diferenciar
formas simples con muy poco entrenamiento. No obstante, estas personas nunca
consiguen utilizar sus ojos al cien por cien. La vista requiere una
coordinación con los demás sentidos que puede ser imposible de adquirir
en la edad adulta
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